Un buen profesor debería dominar su disciplina y desarrollar estrategias pedagógicas, es primordial disponer de suficientes conocimientos. Una planificación adecuada de los procesos de aprendizaje, esa capacidad para seleccionar contenidos relevantes y pertinentes al perfil profesional. Además, preparar y aportar recursos y materiales facilitadores del aprendizaje del alumnado. El desarrollo de las metodologías adecuadas y no olvidar la tutoría personalizada, organizada y sistemática. Algo primordial es un sistema de evaluación coherente con el contenido y las competencias. En una frase el buen profesor es un transformador de la realizada. Los alumnos necesitan una guía modelo. Por lo anterior, la docencia es una fuente permanente de tensión capaz de mover su propio equilibrio personal. Cada clase debe ser una oportunidad para crear oportunidades de aprendizaje.

Hay que vivir la enseñanza con alegría, piensa en cada hora de clase como una aventura imprevisible a la que acuden dispuestos a dar lo mejor de sí mismo. Una reflexión que los profesores pueden al echar la vista atrás, justifican el valor de su propia vida pensado que han ayudado a miles de alumnos. El sentido de un buen profesor es hacer asequible el contenido a los alumnos. Os recomiendo el libro de Ken Bain “Lo que hacen los mejores profesores universitarios” Un buen profesor consigue que sus alumnos valoren el aprender, ganen pensamiento crítico, se enfrenten con creatividad y curiosidad a resolución. Finalmente, un buen profesor crea un entorno para el aprendizaje crítico natural, busca compromisos con su propio crecimiento y tiene altas expectativas de sus estudiantes. Más información www.investigayeduca.com